lunes, 15 de marzo de 2010

Die Kunst der Lüge

Bueno este es el comienzo de una especie de historia que estoy escribiendo.
Hace tiempo que queria escribir y los personajes estaban rondando en mi cabeza... y era hora de plasmarlos en el Blog.

¿Die Kunst der Lüge? "El arte de mentir"

...espero que les guste. Disfrutenlo




Era una noche fría, una pareja de jóvenes estaban sentados en la acera de un estacionamiento. El primero era alto, extremadamente delgado, su pelo era negro y largo, este cubría su rostro ocultando las cicatrices provocadas de las enajenaciones de su distorsionada mente que estaban distribuidas principalmente en su boca y cejas. Tenía ojos oscuros, grandes, penetrantes pero que por lo general lucían cansados. Era un cuadro perfecto de decadencia. Para el resto, él, representaba la demencia en su estado más puro. Digno de admiración para algunos y de odio para otros. Vestía un pantalón negro, apretado, sucio, una camisa blanca, manchada con unas gotas de sangre, una chaqueta de cuero desgastada y un “morral” que escondía una botella de Ron en su interior.

Su historia de vida no era de las mejores, hijo de padres separados, había vivido en varios lugares del país. A los 16 años, sin terminar su escolaridad, decide desligarse de su madre, su tutora por años, para emprender el rumbo y así encontrar una nueva fuente de inspiración en su vida que no fuese la cocaína. Después de vagar por 2 años (en el transcurso de este, trató de retomar relaciones con su padre lo que se convirtió en un fracaso total que terminó con unos cuantos vasos rotos, el robo de algunas especies y un par de cortes en su cara) encontró una pequeña pieza en el centro de esa ciudad y al que había llamado: "Heim" (Hogar en Alemán)

Por otra parte su compañera era pequeña, delgada, su cabello era castaño y ondulado. Sus ojos grises estaban cubiertos por una ligera capa de delineador negro. Vestía un abrigo negro con botones rojo, comprado por su padre durante un viaje de negocios, un vestido rojo, y unas botas negras. A lo lejos la joven otorgaba una apariencia de una muñeca salida de una juguetería.

La devotchka a diferencia de su cómplice, provenía de una familia bien constituida, tenía 2 hermanos, un perro, una madre atenta, un padre preocupado, una linda casa ubicada en el mejor barrio de la ciudad. Había terminado su cuarto medio y estaba lista para emprender su nueva aventura: La universidad.

Los ojos enormes del joven estaban puestos en ella, observando cada mínimo detalle de su rostro, este acto hace sonrojar a la joven lo que genera que ella lleve sus manos a la cara y la mueva de un lado para otro. Llevaban horas sentados allí, pero para ellos el tiempo transcurría lento y trataban de aprovechar cada segundo para admirarse mutuamente.

Ya recuperada de aquel bochorno, ella se arma de valor y comienza a acariciar su cara sin dejar de lado ningún detalle, con las yemas de sus dedos recorre todas las cicatrices, las siente. Lo besa en la mejilla. El Joven se paraliza por completo, nunca había sentido tal demostración de cariño, nunca en sus 20 años de vida lo habían acariciado ni menos besado. La toma por la cintura y la aprieta contra su cuerpo, su boca queda junta a la de ella, pero no se atreve a besarla. Recuerda la infinidad de veces que ha besado a otras mujeres, ninguna de ellas fue con amor, sino que eran provocadas por el alcohol o por los efectos de alguna droga. Maldice una y otra vez no poder hacerlo, pero siente que al besarla perderá el encanto y la envenenará con todos sus karmas y miedos... ¿Destruir aquella figura? Jamás. Mira de nuevo sus labios, pequeños, rojos, temerosos. Puede sentir su delicado cuerpo entre sus grandes y cicatrizados brazos, le gustaría abrazarla hasta dejarla sin aliento y así hacerla suya para siempre.

... Su aroma era dulce, un éxtasis.

…Era perfecta.





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